Llegas, me miras sin saberlo y te miro a lo discreto.
Cruzas la calle cortando con el viento y tu sonrisa que me acaba de iluminar.
Sin dudar te devuelvo la mirada, sin pensar que de ella te adueñabas.
Y sabía que tu colgante no podía esperar
en mis manos lo contemplaba como quien un bien aguarda.
para hacerlo suyo y darse por seguro que el hoy lo ganamos.
Y cuando comenzamos a caminar, su andar iba al compás:
"un, dos; un, dos; un, dos, tres, se cruzó una mirada.
un, dos; un, dos, cuatro, un suave roce en el brazo.
la piel transmitió un suave sabor y un ligero dulzor.
Y un, dos; un, dos, cinco, en tus labios leí un besito."
y seguimos por el caminito, por el que llevamos y conducimos con un fin parecido.
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